domingo, 5 de febrero de 2012

Salí de casa para ir a cenar, las calles estaban vacías, yo tapada como una cebolla (mil capas), ya que no tengo ropa apta para 0 grados y un aire que cortaba la cara. Me dirigía a mi destino y las calles estaban vacías, los restaurantes desolados y los árboles de la Rambla daban miedo (ese movimiento y fsdfasdfa del aire). Por un momento me sentí una matada, sentí que eramos las únicas personas de toda Tarragona que estabamos desafiando el tiempo y pasabamos del sofá y manta. Llegué a mi destino y estaba lleno, menos mal.

El viernes cenamos en un clásico de las "cenas de chicas al poder". Cada vez que nos traen las cuenta digo lo mismo: SOLO! voy a repasar la cuenta, seguro que se han dejado algo... Si, cenar por 13 euros (con postre y café incluido) es todo un logro en mi pequeña y bonita ciudad. Siempre que salgo de ese sitio tengo la sensación que me regalan la cena... Ya ves tu.

Salimos del restaurante y casi nos quedamos petrificadas como figuritas de hielo en medio de la calle. Que frío, tu! Lo más sensato hubiera sido ir a casa a taparse con la manta, pero no. Fuimos a tomarnos un o dos gintonic. Descubrimos el que va a ser nuestro bar de cabecera gintoniquero, me encanto la música y el ambiente. Escuché canciones de hacía mil y mmmm que recuerdos. Hable mucho, no se si demasiado. Salí a la calle a fumar dos veces, casi me muero allí mismo, entendí lo de fumar mata ... de frío.

Terminé la noche sentada, me faltaron 15 minutos para ponerme a bailar en el bar. En casa baile, no diré donde.

Tengo frío.

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