Olvidé todo, mi nombre, mi pasado. Nos tomamos algun vino. Recorrimos sus calles de noche, no recuerdo el camino, me dejé llevar. Me metí en su cama, la abracé, me giré y le di la mano hasta que se hizo de día. Cerramos las persianas y nos levantamos a la hora de la comida. Comimos. Salimos a la calle...Y sentí que me había reconciliado conmigo y con el mundo.
Ese día aprendí que hay diferentes tipos de abrazos, los abrazos que se piden y los abrazos que se dan sin reclamarlos. Me había acostumbrado a pedir siempre los abrazos. Este aprendizaje fue reconcilidador. Ese día aprendí que existen muchos abrazos y que nadie abraza igual. Nadie quiere igual.
Es otro de mis momentos imborrables. Aprendizaje vital en mi maleta.
Viva los abrazos por la espalda, el mejor abrazo del mundo :)
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