Esa noche no queríamos dormir, queríamos aprovechar cada minuto, no queríamos que llegará la luz del día. Era la última noche. A primera hora de la mañana tenía que subir al tren y deshacer el camino que me había llevado a ese universo mágico.
Esa noche cenamos, fuimos de bares, cerramos una discoteca y nos dedicamos todas las servilletas y posavasos que encontramos por nuestro camino. Recuerdo la barra de ese bar, infinitas copas, tabaco y sobredosis de complicidad.
De repente nos quedamos solas, no veía a nadie, no existía nadie. Esa noche me olvidé que había un mundo a nuestro alrededor. Sólo existían unos ojos marrones.
Llegó la hora de despedirnos, subí al tren. Esa mañana, mientras regresaba a mi ciudad, supe que algun día volvería para quedarme.
Y así fue.
Otro momento que guardo en mi maleta.
Es bonito mirar al pasado y refrescar la memoria. Sin nostalgia pero con mucho respeto y ternura.
Son bonitos estos momentos tuyos, Infi...
ResponderEliminarUn beso!
La culpable de este momento eres tu, eh? Lo sabes, no?
ResponderEliminarTe quedaste mis posavasos y servilletas... devuélvemelos:)
Claro que lo sé. Por eso he respondido a este y no a los otros dos ;p
ResponderEliminarPD. Me los diste tú jiji